Desconectarse, un deseo nuevo
Creo que nadie discute hoy en día que estar conectados a las redes sociales
tiene múltiples ventajas. Incluso muchos afirman que pocos descubrimientos en
el mundo han logrado reunir tantos beneficios juntos, como entretener,
informar, comunicar, unir y como si fuera poco la posibilidad de gestionar casi
toda las actividades de la vida cotidiana. Sin embargo, no todo resulta tan
atractivo. Como dice el refrán “de eso tan bueno no dan tanto”. Cada vez
aparecen nuevos estudios que nos alertan sobre la necesidad de hacer un pare
frente a un inminente exceso digital. Este furor por la tecnología entre
sus mil alternativas nos tiene cansados, agotados, sin dormir, trabajando a un
ritmo frenético, con una ansiedad permanente y con altos niveles de estrés.
Algunos datos confirman esta
inquietud. Un alto porcentaje de jóvenes en el mundo consideran sus celulares
como una extensión de su cuerpo y reportan sentirse desprotegidos e incluso
deprimidos cuando no los tienen. Muchos sufren del síndrome “del bolsillo vibrante”
que lleva a que los usuarios revisen permanentemente su celular ante la
sensación imaginaria de vibración. O el conocido como miedo a perderse de algo,
que se traduce en la angustia de que al no estar conectados, se estén perdiendo
de algo importante.
En fin, la lista es larga. El tema central es que minimizar el alto costo
emocional que tiene una conexión descontrolada y en casos extremos el riesgo de
que se convierta en una adicción, es un propósito que ya se plantea como una
respuesta a un problema que afecta tanto a jóvenes como a adultos.
Lo que se propone no significa
una desconexión total sino más bien regular la hiper conexión que para
muchos se traduce en que literalmente invierten en las redes una gran parte de
su tiempo, atención, disponibilidad y energía. Se habla de una especie de
desintoxicación digital o de una dieta virtual saludable. En algunos países,
por ejemplo, la imposición de disponibilidad continua de los empleados en las
redes está prohibida por leyes laborales. Muchas personas famosas han decidido
por voluntad propia darse de baja o bien eliminar temporalmente sus
cuentas con el argumento de tener un poco de tranquilidad.Ni qué decir de los padres y
profesores y sorprendentemente también de sus hijos y alumnos que también
expresan su deseo de limitar el uso de sus dispositivos y descansar
del bombardeo digital. Yo que me cuento entre los
“usuarios intermedios” me impuse revisar mi chat cada 30 minutos mientras
escribo esta columna, no usar el teléfono durante las comidas, no prenderlo el
domingo o apagarlo en las noches a las 8. Tengo que confesar que no lo he
logrado pero está como uno de mis grandes propósito de mitad de año.
Publicado ene l diario La Crónica del Quindío, Julio 16 de 2017 por MARIA ELENALOPEZ